sábado, 12 de junio de 2010

Activismo Político en el Arte: El México de los 20 un caso a analizar

La vanguardia mexicana, si puede emplearse esta expresión acaso demasiado ambiciosa, pues no hay una sino varias vanguardias, y lo sensato sería analizar caso por caso, me aparece en términos generales, como una vanguardia hibrida, que se lanza hacia el futuro a la vez que se retrotrae, que exalta a la modernidad a la vez que no deja de resistirla, como si el apostar por la transformación de todo lo existente la estremeciera, la angustia secreta de lo desconocido, y algo de ella, en el fondo, quisiera asirse de alguna figura familiar con el fin de aquietar la zozobra.”
(Escalante, 2002)
Introducción
Al hablar de vanguardia en Latinoamérica constantemente se refuerza la idea de pensar en el compromiso social del arte, en un arte que debe tomar partido en beneficio de la sociedad en la que se inscribe. Es importante tener en cuenta que la palabra vanguardia conlleva la idea de lucha de un pequeño grupo que avanza y va por delante del grupo mayoritario. Las vanguardias artísticas se presentaron como un grupo de artistas que se enfrentaban a situaciones y circunstancias que exigían un cambio. Los diferentes lenguajes artísticos eran autónomos pero estaban sometidos a las fuertes tensiones que imperaban en la vida social (Garcia Ponce de Leon, 2006). Se trata de hablar de una lucha contra los valores estéticos, políticos y económicos que regían la mayoría de países gracias a las dictaduras que se vivieron en cada uno de ellos. Porfirio Díaz en México, Jorge Videla en Argentina y Pinochet en Chile, son tan sólo unos ejemplos.
Es el arte uno de los dispositivos que nos permiten pensar en una Utopía, a través de él podemos pensar en el cambio de la sociedad, es su propia naturaleza la que permite reivindicar el lugar del individuo y la sociedad y demostrar ese rechazo, esa inconformidad frente a los hechos sociales que constantemente se muestran como injustos, indignos y sin memoria.
Una verdadera revolución a mi parecer, no debe ser causada por la violencia, por la fuerza, por la amenaza, porque es allí donde terminan pagando justos por pecadores, una revolución se puede lograr gracias a acciones culturales y educativas, son estos mecanismos los que, no sólo pueden, sino son los que deben cambiar la sociedad, ya que, transforman a partir del conocimiento, de ese enseñar a pensar y que el pueblo tome partido, no porque se deje convencer del discurso más persuasivo, sino por aquel que vaya de acuerdo a los ideales de cada individuo, es por ello que a los gobiernos, en especial a los de este continente les da miedo pensar en políticas educativas y culturales, y piensan más en políticas del miedo y la opresión.
Pero no siempre ha sido así, y es en Latinoamérica en donde se ven ejemplos fuertísimos de políticas que se piensan desde la cultura y la educación y en donde claramente los artistas están comprometidos en la sociedad en que se inscriben y es gracias a ello que en estas sociedades se puede hablar de identidad en relación con el arte. Un ejemplo claro es la situación de México, después de la Revolución de 1910, una revolución en la que los intelectuales fueron los participes de esta.
Movimientos como el muralismo o el estridentísmo, permitieron hablar de una estética a favor de la revolución, gracias al proyecto de José Vascóncelos, las artes se vieron involucradas en la educación y en proyectos políticos, ya que los artistas tenían la misión de estar al servicio del pueblo, es por ello que intelectuales como Orozco o Siqueiros fueron militantes y su obra no se quedó solo en los muros.
El muralismo mexicano es el movimiento de vanguardia revolucionaria más conocido en América Latina, por su propia naturalidad y fuerza, por ser él, el que más claramente fue la base de proyectos político-culturales. Pero el muralismo no fue el único movimiento intelectual vinculado con la revolución de 1910, existieron otras búsquedas, diferentes al rechazo de la estética moderna y que por el contrario se valieron de estrategias de avanzada para propiciar el cambio, este es el caso del estridentísmo, un movimiento que involucró también la literatura.
A lo largo de este texto se presentan algunas preguntas que permitirán dilucidar el tema tratado en este ensayo, preguntas dirigidas no sólo al caso mexicano de la década de los veinte, sino a la reflexión sobre la existencia de un arte comprometido.
¿Qué significa hablar de activismo político desde el arte?
En el caso latinoamericano existe una clara relación entre el arte y la política, el arte se convierte quizá en el mecanismo de reivindicación de aquello que sucede con las situaciones políticas de los países. La voluntad de confrontar desde el arte las condiciones de existencia, y por consecuencia, la puesta en cuestión de los problemas de una sociedad hace que se desborden los límites entre arte y política.
En lo que tiene que ver en la producción de representaciones, dos tropos pueden ser nombrados: “el haber estado ahí y el haber sido testigo”, que evoca la idea de una construcción de la representación sin intermediarios, y el otro incorporado en el sí mismo, que da cuenta de la construcción intersubjetiva de las representaciones (Salamanca, Diciembre de 2009). La condición de ser testigo y de participar posibilita la construcción de lenguajes diferentes en donde, de acuerdo a cada caso, la critica genera transformaciones sociales. A través de políticas institucionales o acciones micropolíticas se habla de una necesidad de transformación social, es allí donde se entiende el activismo político desde el arte.
La función de artista debería ser la de denuncia, el artista nos comunica “algo” que nos hace falta. De ahí el valor social de la obra de arte, su fuerza acompañante y su indeclinable solidaridad con todos los valores espirituales, dar forma a algo es la finalidad de la conducta humana (Carranza, 1960).
¿Qué implica la participación de intelectuales y artistas en una revolución?
Para el común pensar en revolución es pensar en movimientos armados, en guerra y en destrucción, las revoluciones en su gran mayoría (exceptuando casos como el Mayo francés del 68) conllevan la perdida de culpables e inocentes a manos de las armas. La acción por una inconformidad muchas veces lleva actos violentos, ya que la propia idea de cambio así lo es, violenta, caótica, conflictiva.
Es claro que existen otras maneras de hacer revolución, la educación y la cultura son parte de ellas, que sean los intelectuales y los artistas los participes de un cambio revolucionario, hace que la transformación se aleje en cierta medida de su carga violenta. Uno de los problemas principales, generadores de una revolución es sin duda la identidad, Para hablar de esta, es claro que la educación y el arte hacen parte vital de esa idea, después de todo si se hace que el pueblo reflexione sobre lo que lo hace único, puede hablarse de un problema de identidad nacional, ya que no sólo son los círculos cerrados de los intelectuales los que se están preguntando por un asunto, sino que son todos los ciudadanos que van en pro de un mismo ideal. Sin embrago son esos círculos de intelectuales los que empiezan a generar la pregunta sobre la transformación de una situación social que no se debe generar, de problemas como el colonialismo y ese tipos de cosas que nos alejan de lo que nos hace únicos como nación.
Casos como México se convierten en claros ejemplos de la participación de intelectuales en reformas políticas. Es esa actitud de los intelectuales de ponerse al servicio del pueblo la que hace que se genere la pregunta por un verdadero cambio.
¿Qué ocurrió en la revolución mexicana de 1910?
En el México de 1910, de 15 millones de habitantes 12 trabajaban en faenas agrícolas en condiciones de miseria. En esas condiciones de explotación era apenas lógico que hubiera insurrección contra los regímenes imperantes de la época.
Como la mayoría de casos de revolución en Latinoamérica, la causa de la Revolución Mexicana fue una dictadura. El mandato de Porfirio Díaz, que duró 34 años, fue un gobierno corrupto, en donde los niveles de alfabetización no fueron superados, en donde los campesinos eran explotados, y en donde, como cosa rara, los ricos, encabezados por los dirigentes de la Iglesia, resultaban siendo los mayores beneficiarios de este régimen; en 1911 la inmensa mayoría del pueblo mexicano lo obligo a dejar la presidencia de la república (Arredondo, 1969).
Francisco Madero triunfa en las elecciones presidenciales y se posesiona el 6 de noviembre de 1911, pero ello no era suficiente. El cambio era algo que debía darse, era necesaria una transformación para la población mexicana, ya era justo salir de la miseria en que estaban inmersos, la revolución era inminente.
En Morelos los campesinos se rebelaron; rebelión dada no sólo en contra de la dictadura porfirista sino contra el régimen terrante opresor. El levantamiento campesino empezaba a perfilarse como una autentica revolución social (Centro Popular de comunicación para América Latina , 1991).
Quién lidero esa rebelión fue Emiliano Zapata, uno de los más insignes luchadores de la historia popular de América Latina. Zapata que sufriría en carne propia los abusos y robos a tierras continuos que hacían los hacendados que controlaban el estado, seria quien exigiera a Madero un plan para la recuperación de tierras, pero Madero se niega, al fin y al cabo era un burgués. Debido a esta negación Zapata proclama su propio plan de recuperación de tierras, el Plan de Ayala, aquí desconoce a Madero como presidente, ordena la expropiación de tierras y propone que los recursos sean explotados directamente por el campesino pobre (Centro Popular de comunicación para América Latina , 1991).
Al ver la situación gestante, Victoriano Huerta en colaboración con Henry Lane (embajador de Estados Unidos en México) prepara un golpe de estado en contra de Madero el cual se ejecutaría el 18 de febrero de 1913. Esta no sería la primera vez que un mandatario moría a manos de un militar de confianza, la traición de Huerta levantó a las masas populares en contra del crimen, este levantamiento se dio bajo la dirección de los sectores progresistas de la burguesía. Carranza iniciaría la sublevación contra Huerta en ese momento seria apoyado por Pancho Villa, Álvaro Obregón y Emiliano Zapata.
Al ser casi vencido por todos los frente revolucionarios, Huerta pide ayuda a los estadounidenses, estos intervienen directamente pero no es suficiente, en 1914, Huerta huye dejando a cargo a Francisco Carvajal, el 15 de agosto de ese mismo año, el “encargado” entrega la capital a los revolucionarios. Los rebeldes toman el poder. Pero no todo es dicha y felicidad. La designación de Carranza como nuevo presidente el 20 de agosto de 1914, en contra de las ideas de Villa, desató una nueva época de anarquía y luchas entre los distintos bandos revolucionarios (Enciclopedia Hispánica, 2000).
Después de la convención en Aguascalientes en 1915, en donde se intento remediar las contradicciones de todos los sectores y se intento solucionar las diferencias entre Carranza y Villa por un lado, y Zapata y Obregón por otro lado, lo ocurrido fue realmente lo contrario y se dio una separación definitiva entre estos dirigentes y sus seguidores. Carranza es desconocido como presidente y sube al poder Eulalio Gutiérrez, quien se posesiona en 1915 con el apoyo de Villa y Zapata. Esta era la mejor ocasión para emprender un verdadero gobierno popular y revolucionario pero Villa no entendía los alcances de la propuesta zapatista, lo que los obliga a separarse (Centro Popular de comunicación para América Latina , 1991).
En el sur operaba el movimiento insurreccionista de Zapata, de carácter campesino y centrado en Morelos, que pedía la restitución de las tierras y la expropiación de los latifundios. Se trataba de una facción unida y coherente, pero con pocas posibilidades de triunfar debido a la limitación de sus planteamientos sociales, centrados en el problema agrario, y a la incapacidad de su ejército para extender la revolución por todo el país (Enciclopedia Hispánica, 2000). Por su parte, Villa, en Chihuahua, defendía también las reivindicaciones campesinas y contaba con el apoyo de un amplio sector popular.
En 1917 Carranza es reconocido como presidente por parte de Estados Unidos, en ese mismo año se dedico a tratar de consolidar el dominio del sector burgués por el territorio mexicano (Centro Popular de comunicación para América Latina , 1991). Ese mismo año se consolida la constitución de 1917 que confería amplios poderes al presidente, daba al gobierno derechos para confiscar las tierras de los latifundistas, introducía medidas laborales referidas a salarios y duración de jornadas, y se mostraba decididamente anticlerical (Enciclopedia Hispánica, 2000).
Zapata quien sigue sin reconocer a Carranza como presidente, muere a traición en 1919; tras la revisión del proyecto de avanzada realizado por Zapata, Carranza muere asesinado en 1920; Obregón también muere años más tarde; en cuanto a Villa, acoge una amnistía en 1920, vive como terrateniente acomodado y es asesinado por un enemigo personal en 1923.
Las revueltas militares y las situaciones de violencia esporádica prosiguieron hasta 1934, cuando llegó a la presidencia Lázaro Cárdenas, quien institucionalizó las reformas que se habían iniciado en el proceso revolucionario y que se legitimizaron con la constitución de 1917.
¿Qué fue el muralismo dentro de los proyectos políticos de la década de los veinte en México?
El Muralismo propone un arte monumental con fines educativos, políticos, históricos y nacionalistas, entre otros, siempre buscando una proyección y renovación social.
La pintura mural mexicana aparece en el momento en que un grupo de artistas, con una visión revolucionaria del arte y de la vida social, comienzan a pintar bajo los auspicios del poder público, la vida de su pueblo y su historia (Carranza, 1960). El Muralismo creó un arte revolucionario que, con su inmensa carga nacionalista, recuperaba el arte del pasado, un arte que muchos llamarían indigenista; representar al indio formara parte de la construcción de una imaginería en la que surge una noción utópica del pasado, una invención de la historia en imágenes y un laboratorio de categorías para acercarse a los habitantes originarios del territorio mexicano que fluctúa entre los tipos de ideales, el espíritu de la raza y la clase social (Eder, 2001). El arte en las paredes se convirtió en un medio que reivindicaría la conciencia de un país que quería afirmar su propia soberanía e independencia.
Fue la reforma de José de Vasconcelos la que fomentaría el arte muralista como instrumento de educación popular. Podemos entender su proyecto cultural como un proyecto de estado que, como tal, traza la misión de los artistas al servicio del pueblo.
Los artistas del Muralismo hicieron de este movimiento una escuela que presentaba a indígenas humillados, soldados como verdugos de sus jefes, campesinos y obreros oprimidos, una retorica cuyo deseo era plasmar una temática basada en la tradición autóctona y la creación de un arte figurativo monumental comprensible para el pueblo. Las definiciones que empezaban a perfilarse en los muros tomaron otras formas de expresión, cuando los muralistas decidieron agruparse gremialmente. A ello siguió la publicación del Manifiesto del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores, documento que contiene las propuestas programáticas del movimiento, entre las que destacan la exaltación del arte público y el rescate de la tradición indígena y popular (Ovando).
La historia del pueblo mexicano, sus luchas, sus ideales, inspirarían el movimiento; cosa que no jamás se hubiera producido en otras condiciones y que es un fenómeno particular de la cultura de México.
Los exponentes del muralismo serian personajes que no estuvieran vinculados solo con el arte, serian militantes, se vincularían directamente con las políticas de la Revolución, su arte no quedaba solo en los muros.
¿Qué paso con el estridentísimo en relación con el discurso de la revolución?
Para México, el Estridentísmo fue el pasaporte de la Vanguardia en un momento en que la vida intelectual del país estaba estancada debido a una rancia aristocracia intelectual, una política nacional que favorecía esta situación y la falta de comunicación entre los jóvenes intelectuales mexicanos (Candía). Caracterizado por su exaltación a la modernidad en servicio del pueblo, se le conoce como una corriente artística con estrategias de avanzada completamente diferente al Muralismo Mexicano.
Hay que tener varias cosas claras del estridentísmo antes de empezar a hablar de él. Estentóreo y ruidoso, como su nombre lo indica, y de cierto modo afilado a la retorica socializante de la época, el estridentísmo irrumpe con manifiestos y declaraciones altisonantes en diciembre de 1921 con el manifiesto titulado Comprimido Estridentista de Manuel Maples Arce (Escalante, 2002). Manifiesto que aunque era un grito de rebeldía solitario contra la retorica dominante de la modernidad se convierte en un detonante al que se le unirían más adelante escritores, músicos y artistas plásticos.
Nace de una inspiración de las ideologías de izquierda y se presenta a sí mismo como una corriente artística política que reclama una renovación estética. Propuso la creación de un lenguaje poético que diera sustancia a las emociones, lejos del desarrollo meramente lógico y en plena correspondencia de la modernidad mecánica industrial. Nos lego una poesía original y vigorosa que contribuyó fiel a su momento, a la consecución de una libertad que hoy parece natural pero que entonces fue motivo de confrontaciones y polémicas (Museo Nacional de la Estampa, 1998).
En cuanto a la plástica, cabe notar, que como elementos formales hay un amplio uso de la tipografía, así como de los símbolos de la modernidad; esto se debe a que sus temas son tomados de la ciudad y las nuevas formas de vida urbana. Estos elementos eran para los estridentistas la única manera posible de remontar la ancestral exclusión del país de las rutas del progreso y por ende, de los núcleos artísticos de vanguardia (Gallegos). El estridentísmo le da vital importancia a la fotografía como obra de arte. El lenguaje visual y verbal evoca una modernidad incierta donde todo lo solido se desvanece en el aire, su paradigma es un cuestionamiento de un mundo en transformación y constante descubrimiento (Museo Nacional de la Estampa, 1998).
Aunque es relacionado con el futurismo italiano, el estridentísmo se aleja del pensamiento de esta corriente vanguardista, se aleja en la medida en que vinculó la realidad de su país, que en ese entonces giraba en torno a la revolución mexicana, a sus producciones. Los estridentistas se sentían de algún modo comprometidos con la revolución, ya que no la veían como un acontecimiento futuro que hay que planear sino como una realidad presente a cuya consolidación hay que contribuir si no se quiere retornar a los tiempos de miseria y violencia que se propiciaran con el régimen de Porfirio Díaz. La obra de los estridentistas se basa en la realidad inmediata: no rehúyen la lucha social; su material poético se lo ofrece la vida en las fabricas, en las calles de las grandes ciudades, en las oficinas de los grandes edificios; cantan a los obreros, a los revolucionarios, a las maquinas (MARU).
Los estridentistas que eran artistas jóvenes, ideaban una revolución que llevara a México a ser un país cosmopolita y moderno. En sus obras se muestra desde un inicio una subjetividad que ya era propia de la revolución, pero que pasaba por ella como clandestina, presente en la situación pero fuera de la representación que la define (Moreno, Diciembre de 2009.)
¿Es México un ejemplo de una revolución político-cultural?
La Revolución Mexicana trae a primer plano la vida nacional al pueblo, y con el pueblo es que surgen los intereses materiales y espirituales ausentes en los tiempos de la dictadura de Porfirio Díaz. Con la caída del antiguo régimen y con las bases sentadas de un nuevo orden democrático, se dio también un impulso resuelto al desarrollo cultural.
La preocupación por un arte al servicio del pueblo haría que el arte del momento en México, saliera de sus fronteras y se extendiera por América Latina y Estados Unidos, lo convertiría en referente del arte revolucionario. El arte mexicano pasaría a la Historia Universal de Arte.
Analizando este caso particular ¿es posible hablar de la necesidad de un arte comprometido?
En México, con la Revolución de 1910, surge un arte con compromiso social ligado a las luchas revolucionarias, un arte sin precedente en el conjunto universal del siglo XX (Rodriguez Prampolini, 1999). En cuanto al Muralismo y al Estridentísmo hubo una relación en el afán de romper viejos moldes y pesadas estructuras. Si no se hubiese producido movimientos artísticos que reaccionaran frente a la Revolución de 1910, quizá su importancia no sería relevante para la historia latinoamericana, además, no hubiera tenido la fuerza para generar un cambio. La propia naturaleza del arte hace que sea posible la denuncia, que sea posible la socialización de una problemática y la manifestaciones artísticas postrevolución hicieron posible la construcción de una identidad nacional, fueron los artistas los que exaltaron las figuras de los actores principales de la revolución, si no se hubiese representado a Pancho Villa, por ejemplo, este hubiese pasado a la historia sin el reconocimiento de su pueblo, y solo lo conocerían quienes se acerquen con detenimiento a la historia de México.
A las prácticas artísticas se le ha encomendado la ardua tarea de representar esa dimensión tan abstracta y elusiva de “lo verdaderamente humano”. A través de las prácticas culturales y artísticas, muchos colectivos, organizaciones sociales y comunidades en general han accedido a derechos y reivindicaciones, lo que a su vez ha venido cambiando el imaginario e ideario establecidos sobre el arte, la cultura, los artistas y los discursos sobre arte y cultura (Escobar, Diciembre de 2009.).

Es necesario que el arte asuma una posición frente a las situaciones que se generan en la sociedad, es su labor posicionarse frente a lo político, generar acciones que posibiliten la reflexión sobre el cambio y que sensibilicen a la sociedad en que se inscribe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario