viernes, 10 de diciembre de 2010

LA PERSISTENCIA DE LA MEMORIA: Cayados gritos de un país en conflicto.

“El arte crítico cumple una función fundamental al generar espacios reflexivos y de debate; espacios que permitan abordar desde diferentes costados la coyuntura presente al cuestionar lugares comunes y proponer nuevas formas de ver, oír y sentir, a través de sus diferentes propuestas políticas, estéticas y éticas sobre el tiempo y las miradas.”

José Luís Palma

Para nadie es un secreto que Colombia es un país que está en conflicto, un conflicto que ha tenido múltiples caras, un conflicto que ha dejado centenares de víctimas, un conflicto que se ha alejado de los ideales de quienes empezaron a combatir, un conflicto corrupto, sin caras, sin voces, un conflicto que ha matado, ha secuestrado, ha violado, ha dañado, un conflicto que no se resuelve, que no cicatriza, que aun sangra. Para nadie es un secreto que son muchos los autores de este conflicto, personajes que se camuflan tras la máscara de buenos ciudadanos que buscan proteger a la población, que se esconden culpando a los otros, personajes que sólo buscan ganar publicidad y ser nombrados por todo el mundo, sin importar de que manera. Para nadie es un secreto que para el gobierno de este país es importante sostener la guerra, financiarla, hacer alianzas para perpetuarla, cuando lo que debería importar es fomentar la educación, la cultura, la formación de valores[1], el agro, la salud, el trabajo, la identidad, la construcción de lugares dignos y habitables, curar a quienes han sido víctimas directas del conflicto, en fin, lo que debería importar debe ser la constitución de un país libre, digno, rico y de avanzada y no la exaltación de una guerra que sólo le sirve a unos cuantos. Para nadie es un secreto que los medios de este país utilizan el conflicto para sus propios fines egoístas, que sacan el conflicto en primera plana, la noticia más importante, programas de opinión política, en un afán de amarillismo, de reconocimiento egoísta, de la búsqueda de mas lectores, un afán de morbo, de falsa credibilidad, medios que se disfrazan de personas solidarias y no son más que cortinas de humo que cubren las falacias de quienes controlan lo poco que aún conserva de suyo este país. Para nadie es un secreto que vivimos en una sociedad egoísta, personas que sólo se preocupan por sí mismas, que rechazan al otro, que lo maltratan, personas narcisistas que se pierden en su propio reflejo y se niegan a ver lo que pasa a su alrededor porque no se ven afectados, pero cuando son agredidos, cuando se convierten en víctimas y dejan de ser egoístas espectadores, levantan la voz, se ponen en contra de algo que no querían ver. Para nadie es un secreto que existen personajes que se aprovechan del conflicto (de la misma manera que los medios) con fines egoístas, y no hablo sólo de aquellos que creen que con un concierto, una marcha, una entrevista, pueden y van a solucionar algo; hablo también de aquellos que se hacen pasar por desplazados, por presos, por victimas, en un tonto afán de conseguir bienes económicos, cuando las reales victimas no son escuchadas por culpa de estos seres que ha fracturado la creencia de que en realidad si existen victimas que el conflicto ha dejado en un estado de absurda de miseria.

Pero tampoco es un secreto que lo que se busca es el olvido, esa idea moralista de perdonar y olvidar que lo que hace producir la llamada anestesia cultural cuya función es “infiltrar la percepción social para neutralizar el trauma colectivo, para substraer a las víctimas y para instalar zonas públicas de perpetua anestesia en las cuales es posible privatizar y encarcelar la memoria histórica” (FELDMAN, 1996). Pero no es un perdón sólo desde las victimas hacia los victimarios, ¡no! todavía tenemos la absurda idea de que todo lo que pasa es por culpa nuestra, entonces también el afectado debe “perdonarse a sí mismo” como si él tuviera la culpa de un conflicto que escapa de sus manos, de un conflicto que es entre unos pocos, pero que también daña a muchos; “la fórmula de “perdón y olvido” hay que entenderla solamente como una abierta, escueta, audaz, osada y temeraria invitación al OLVIDO” (GIRALDO, 2004).

Pero dicho olvido es sólo una forma de dañar aun más a las víctimas, el olvido se convierte entonces en el NO reconocimiento de las situaciones que se generan en torno al conflicto. El olvido se inscribe como pieza clave de las más perversas estrategias de represión de la identidad, tanto de personas como de familias, comunidades, organizaciones y pueblos. El olvido facilita enormemente la manipulación de esa identidad por parte de las instancias de poder e implica censuras ocultas a formas de pensar y a proyectos histórico sociales (GIRALDO, 2004). Si se olvida, si no se reconoce está destinado a repetirse, el olvido hace que el conflicto se transforme en un círculo vicioso del que ya es casi imposible escapar.

Este ensayo se titula “La Persistencia de la Memoria[2], título que también lleva una de las obras de arte más famosas del mundo hecha por uno de los grandes genios de la historia del arte, uno relojes que se derriten, que cuelgan en un desierto, un tiempo que se va, que se transforma, que se acaba, que sangra, que agoniza, un tiempo que se niega a morir, a acabarse, un tiempo que se agota, pero que persiste[3]. De la misma manera que ocurre con la memoria de aquellos que han sufrido a causa de este absurdo conflicto, una memoria que se niega a morir, que aunque agoniza persiste. “La salvaguarda de la memoria se apoya en la convicción de que la derrota de las víctimas no es definitiva; de que la injusticia es reversible, y de que el pasado es redimible. Por eso se propende por incidir en las instancias decisivas de la transmisión cultural, como archivos, museos, patrimonios culturales, sistema educativo, mass media, memoriales y monumentos, para que en todos ellos se asuma el registro de los crímenes de lesa humanidad, como detonante de memoria que redima el pasado y rescate de la fecundidad histórica de las víctimas.” (GIRALDO, 2004). La memoria no sólo son aquellos testimonios de quienes han sufrido las tontas pretensiones de los autores del conflicto, no es tampoco sólo el registro (fotográfico o audiovisual) de la destrucción que causan estos monstruos, ni es tampoco sólo las consecuencias sobre los cuerpos, personas mutiladas, golpeadas, maltratadas, no, no es sólo eso, o bueno, es un poco de todo eso también, pero la memoria es algo que va mas allá, que trasciende, la memoria son esos recuerdos que se problematizan, que se analizan, que van más allá de los resentimientos, la memoria lo que busca es resarcir los daños, pero sin olvidarlos, sin negarlos, en pensando en el famoso dicho popular que afirma que  “lo que no te mata te hace más fuerte”.

Aunque la memoria para muchos puede ser reabrir las heridas y prefieran quedarse en el olvido, para otros significa lo contrario, recuperar la memoria es una manera para cicatrizar las heridas, la memoria se convierte en un detonante de reflexión, un detonante para hacer un alto, para posicionarse y que sea escuchada su voz, la memoria es un estadio de derecho, es reconocer que se existe, que se está ahí, que se vivió y que se vive, la recuperación de la memoria histórica posibilita el hacer algo para sanar las heridas.

A las prácticas artísticas se le ha encomendado la ardua tarea de representar lo que es “humano”. A través de las prácticas culturales y artísticas, muchos colectivos, organizaciones sociales y comunidades en general han accedido a derechos y reivindicaciones, lo que a su vez ha venido cambiando el imaginario e ideario establecidos sobre el arte, la cultura, los artistas y los discursos sobre arte y cultura.

Es importante que el arte asuma una posición frente a las situaciones que se generan en la sociedad, es su labor posicionarse frente a lo político, generar acciones que posibiliten la reflexión sobre el cambio y que sensibilicen a la sociedad en que se inscribe. “las imágenes forman parte de los regimenes de conocimiento y de mecanismos de poder, pero al mismo tiempo, pueden ser formas de subvertirlos” (PALMA).

Las practicas artísticas, debido a su propia naturaleza, puede y deber tomar posición frente a la restitución de la memoria. Es la experiencia estética la que puede resignificar un pasado que fe doloroso, la memoria permite crear experiencia, en este sentido “la estética es principalmente corporalidad, es decir, una forma de conocimiento del mundo a través del gusto, el tacto, el oído, la vista y el olfato” (BUCK – MORSS, 1991), a través de los sentidos se puede entender lo que ocurre con la memoria, lo que pasa físicamente al recordar, los sentido permiten la elaboración y reelaboración a partir de la memoria.

Quien se encuentre en el campo de las practicas culturales deberá entonces “buscar formas que interrúmpanle congelamiento de los sentidos e instauren la duda” (PALMA)


Bibliografía

BUCK, MORSS, Susan. 1991. The Dialectics of Seeing. Massachussetts: MIT Press.

FELDMAN, Allen. (1996). “From Desert Storm to Rodney King via ex – Yugoslavia: On Cultural Anesthesia. In: The Senses Still: Perception and Memory as Material Culture in Modernity, (Ed) Nadia Seremetakis. Chicago: University of Chicago Press.

GIRALDO, Javier. (2004). Memoria Histórica y Construcción de Futuro. En: Desde los Márgenes. [Texto escrito como parte de la Introducción a la primera entrega del informe COLOMBIA NUNCA MÁS, publicada en noviembre de 2000, con el respaldo de 18 organizaciones no gubernamentales.] http://www.javiergiraldo.org/spip.php?article92.

PALMA, José Luís. Articulo.



[1] Y no hablo en un sentido de falsa moral que es lo que caracteriza las palabras formación en valores en este país. Hablo de valores en la medida en que se busque el reconocimiento de otro y de sí mismo.
[2] La Persistencia de la Memoria, conocido también como Los Relojes Blandos es un famoso cuadro del pintor español Salvador Dalí pintado en 1931.
[3] De ahí su nombre.